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Estrellas

Detrás de Cada Sueño Hay Sacrificios

Ser deportista no significa solamente entrenar unas horas al día, significa aprender a dormir temprano cuando otros se quedan despiertos. Cuidar la alimentación cuando aparecen las tentaciones. Cumplir una planificación deportiva. Trabajar con terapeutas, psicólogos deportivos y profesionales que ayudan a cuidar tanto el cuerpo como la mente. Aprender sobre recuperación, complementos nutricionales, también, comprender que una carrera deportiva requiere organización y planificación económica.

Pero sobre todo, significa aprender a renunciar algunas veces a cosas que otros niños y jóvenes pueden disfrutar normalmente. Confieso que nunca he sentido que esas renuncias sean un castigo, las veo como parte del camino hacia algo que realmente quiero conseguir.

Mi historia en el voleibol comenzó a los 7 años de edad. Me gustaba entrenar, competir y compartir con mis compañeras. A los 10 años comencé a jugar voleibol competitivo y mi vida empezó a cambiar. Mi formación deportiva competitiva se inicia en el Club Kazoku, luego juegue en Alianza Lima, Universitario de Deportes, experiencias que me enseñaron que detrás de cada partido existe un trabajo que muchas veces no se ve. Durante los años 2024 y 2025 tuve la oportunidad deformar parate de la Selección de Talentos Perú 2032, fue un reconocimiento que recibí con mucha alegría, pero también con mucha responsabilidad, fue una experiencia maravillosa.

Mi Familia Maravillosa

 En este camino hay algo que jamás podría dejar de mencionar: mi familia. Mis padres han estado detrás de cada entrenamiento, de cada competencia, cada madrugada, cada recuperación y cada momento difícil. Han invertido tiempo, esfuerzo y recursos para que pueda desarrollar mi carrera deportiva y, sobre todo, para que pueda crecer como persona. Es una de esas experiencias que guardo con especial cariño, mi familia decidió sorprenderme en mis vacaciones con un viaje en crucero, detalle que guardo en mi mente con mucho amor.

Podría parecer simplemente un viaje, pero para mí significó mucho más. Fue una pausa para disfrutar, conocer nuevos lugares y compartir con las personas que han estado conmigo desde el primer día de entrenamiento. Fue también una manera de recordar que, aunque el deporte exige disciplina y sacrificios, la vida está hecha de momentos que debemos saber valorar.

Este viaje no fue el resultado de tener una vida fácil. Fue un momento de celebración después de muchos días de esfuerzo. Sé que todavía queda un largo camino por recorrer, muchos entrenamientos, partidos, aprendizajes, derrotas y victorias. No sé exactamente hasta dónde me llevará el voleibol, pero sí sé cómo quiero recorrer ese camino: con disciplina, humildad, gratitud, pasión porque aprendí algo desde pequeña:

Los sueños no se consiguen solamente deseándolos, se construyen todos los días, incluso cuando nadie te ve, detrás de cada punto que intento conseguir en un campo de juego. También está mi familia que decidió creer en mi y una historia que todavía se está escribiendo.

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